top of page

Proyecto ganador en Juntos Construimos Paz, Feria y Concurso de Proyectos de los participantes del Diplomado en Construcción de Paz y Transformación Social de Conflictos.

Una iniciativa de prevención de conflictos apoyada por el Grupo CLARA Inc.


Como lo explica Tom Bamat, docente del diplomado y un gran constructor de paz, un conflicto es como un fuego destructor de un bosque, ocasionado de forma intencional por una persona; son muchas, y nada fáciles, las acciones consecutivas y previas que debe realizar para producirlo, tales como tener una motivación para encender la fogata, buscar y elegir un lugar en el bosque, buscar y reunir leña seca, añadir materiales inflamables (gasolina, por ejemplo) y algo que permita producir una chispa (un fósforo o algo así), prender la llama, ventilarla para que tome fuerza y, tras eso, alejarse para que el incendio no le queme. De la misma forma, un conflicto requiere varios pasos anteriores y, por eso mismo, si su proceso se gestiona de forma positiva (es decir, si se identifican los motivos, si se gestionan, si se realizan acciones para evitar llegar al momento de prender y ventilar la chispa), los daños profundos o, incluso, una catástrofe social y humana, puede evitarse.


Esta metáfora fue, quizás, la que más impactó a Dominga Henríquez de Castillo, una psicóloga dominicana que participó en el Diplomado en Construcción de Paz y Transformación Social de Conflictos en la versión que se ofreció en 2023 a personas y entidades de países del Caribe, proceso que articuló con sus funciones como responsable del componente de Prevención de Violencia basado en Género e Intrafamiliar, y coordinadora de Actividades Comunitarias en el Grupo CLARA Inc.


Esa organización se creó en 1997 para promover el desarrollo social y mejorar la calidad de vida de las personas viviendo con VIH/sida, sus familiares y las poblaciones en condiciones de vulnerabilidad, por medio de programas de salud y empoderamiento. Por eso mismo, desde sus líneas de acción colaboran con instituciones educativas, buscando que los y las docentes, y los niños, niñas y adolescentes, convivan en entornos de no violencia, ofreciendo formación y acompañamiento con temas de autocuidado, prevención en salud y gestión de conflictos.


Cuando desde el diplomado se invitó a los y las participantes a organizarse en grupos para diseñar una iniciativa que contribuyera a la atención de un conflicto real y cercano, Dominga no lo dudó y planteó a sus compañeros y compañeras la posibilidad de pensar cómo disminuir y reorientar conductas y manifestaciones emocionales agresivas, como acoso, insultos, gritos, amenazas, peleas y golpes que observaba entre adolescentes de escuelas con las que trabajan desde el Grupo CLARA. Todas estas situaciones que se han venido enfrentando afectan no solo a estudiantes, sino también a sus docentes y familias, evidenciando realidades frecuentes y preocupantes en el entorno escolar en la provincia de Puerto Plata: la incidencia y existencia de numerosas familias disfuncionales, la normalización de actitudes y comportamientos violentos, la internalización de la violencia como una forma de diversión, y la creencia de que el carácter fuerte y agresivo es sinónimo de poder; al mismo tiempo, la falta de preparación del personal docente y el no contar con herramientas para manejar, direccionar o gestionar las situaciones de violencia y los conflictos.


En ese momento (cuando nació la iniciativa, durante el diplomado), estábamos trabajando en el Liceo Rommel Cruz de León y un día, tras terminar de ofrecer una charla para la prevención del embarazo adolescente, algunos chicos, durante el descanso, se enfrentaron de una forma muy violenta delante de sus compañeros, sus docentes y de nosotros. Eso me impactó, y más al escuchar a la coordinadora y a la psicóloga de la institución decir que eso era algo frecuente allí; también al saber que eso mismo sucedía en la escuela Juana Caraballo, donde también realizamos las charlas.


Me comentaron que se estaban dando muchos escenarios de conflicto entre jóvenes, entre varios contra uno, o entre varios contra varios,  y que eso tenía una multitud de factores provocadores, como lo es que muchos padres o madres de los adolescentes pasan mucho tiempo por fuera de casa, por lo que tienen que hacer su vida prácticamente solos, o que en sus hogares viven la violencia intrafamiliar.


Así que hicimos un levantamiento de datos para entender mejor la situación, y fue cuando le propuse a mi grupo de compañeros la idea de trabajar la iniciativa para atender esa situación. Votamos entre varias propuestas y la mayoría optó por diseñar algo para atender la problemática que sugerí.



Así fue como, con apoyo del Grupo CLARA y de la Casa Comunitaria de Justicia de Puerto Plata (institución que busca acercar la justicia a la comunidad con el objeto de solucionar conflictos y disminuir los indicadores de violencia) comenzaron a levantar un árbol de problemas para identificar y graficar las relaciones entre las causas y las consecuencias de los conflictos entre adolescentes y jóvenes en los entornos escolares, a identificar posibles actores intervinientes y/o que pudieran contribuir a la transformación, y a reflexionar sobre la teoría de cambio que les guiaría en el diseño de la propuesta:

TEORÍA DE CAMBIO DE LA INICIATIVA:Si se realizan acciones para que los(as) adolescentes mejoren sus relaciones y habilidades de convivencia y para que el personal docente incremente sus habilidades, prácticas y herramientas para el manejo de conflictos, y si se crean espacios para desarrollar actividades de aprendizaje en los centros educativos, entonces disminuirá el nivel de violencias entre adolescentes, porque un trabajo conjunto de medidas que incluyan a los mismos estudiantes, a docentes, a la Iglesia y a las familias, contribuirá con elementos complementarios para una cultura escolar más pacífica.


Con base en ello, entonces, comenzaron a diseñar el conjunto de estrategias y la metodología para incrementar la integración de actores claves e instituciones, así como para impactar de manera significativa en adolescentes, docentes, familias y personas de la comunidad académica, procurando la construcción de la paz dentro y fuera del entorno escolar, como lo explica Dominga:


Nosotros, tanto desde Clara, como desde la Casa Comunitaria de Justicia, hacemos de articuladores comunitarios para abordar los problemas desde la prevención y desde el manejo de conflictos leves, pues cuando hay un agresor y una víctima en conflictos más complejos, se derivan al Ministerio Público. Por eso incluimos en la propuesta unos procesos de formación para adolescentes, otros distintos para docentes, y otros más para la comunidad, que incluyen talleres, jornadas de charlas, espacios lúdicos de diálogo y encuentros de sensibilización.



Así, este proyecto –reconocido en el concurso Juntos Construimos Paz y cuyos líderes lo han presentado a consideración del Ayuntamiento Municipal de Puerto Plata, obteniendo su interés y posible respaldo, especialmente porque permitiría, simultáneamente, realizar labores de prevención de violencias de género en los entornos escolares– consta de tres componentes:


  1. El de estudiantes, que incluye talleres grupales denominados “Un viaje hacia mi interior”, para ayudarles a descubrir e identificar sus emociones y su potencial para realizar modificaciones y cambios; unas jornadas de charlas que llamaron “Los adolescentes y sus emociones”, para desarrollar capacidades para autogestionar las emociones, y otras charlas sobre temas que promueven la paz y la convivencia pacífica.

  2. El de docentes y directivas académicas, que se materializa en dos estrategias: el ofrecimiento de un taller de formación sobre manejo y resolución de conflictos y de un espacio para socializar inquietudes, experiencias o temores, así como para realizar actividades lúdico-educativas.

  3. Y el orientado a la comunidad, que en una primera etapa propone encuentros con representantes de la junta de vecinos e instituciones que trabajen en pro del bienestar social, para sensibilizar sobre la violencia escolar y su impacto social. Además, algunos talleres dirigidos a las familias sobre crianza positiva e impacto de la violencia en adolescentes.


El plan de acción se inició, entonces, auspiciado por el grupo CLARA y con un gran apoyo de su directora, Lucía Santana Silverio, en septiembre de 2023, y se tiene previsto desarrollarlo, en una primera fase, hasta mayo de 2025. En ese plazo se han previsto procesos para recabar y documentar la información y testimonios sobre los avances y resultados, con la participación del personal psicológico de las instituciones educativas, así como también de estudiantes y docentes. Igualmente, se espera recabar datos y analizar los casos de conflicto que se presenten en las instituciones educativas en las que se realice la iniciativa (tipificándolos por tipo de violencia, grupos de edad de los involucrados, sexo de los(as) participantes, ámbito donde se vivenció la violencia –dentro del aula o en el entorno de la escuela–, y momentos en los que se presentan, detallando si fueron dentro de las clases, el recreo o la salida de la escuela, por ejemplo), así como el manejo dado, con el objetivo de que el proceso no solo sea formativo, sino que también propicie una investigación-acción que ofrezca más conocimientos sobre las situaciones y permita reorientar el proyecto buscando que tenga una incidencia positiva cada vez más oportuna y mayor.


Incluso, se ha planificado realizar procesos de evaluación y sistematización de la experiencia, con apoyo de un equipo externo especializado en este tipo de actividad, así como otros de monitoreo permanente mediante visitas de acompañamiento a grupos, encuentros periódicos entre el equipo de coordinación y el involucramiento del comité de sostenibilidad de cada escuela. 

De esta forma, ya con el diseño del proyecto, han comenzado a darle vida, como lo explica Dominga:


Comenzamos en la Escuela Juana Caraballo y en el Liceo Rommel Cruz de León a trabajar con los y las adolescentes, ofreciéndoles algunas charlas. Y ya tenemos diseñado el taller del viaje hacia el interior (con base en otro que ofrezco a mujeres, y que ha tenido muy buen impacto), con el que queremos que reconozcan que están en una etapa muy compleja, la adolescencia, donde se sienten emociones que a veces no se entienden o no se saben manejar, porque esta es una fase donde tienen lugar cambios biológicos y psicológicos que no interiorizan o no comprenden. Por eso, esta actividad busca orientarlos para que descubran lo que están experimentando en su interior, que reflexionen sobre el ambiente donde se han criado, por qué reaccionan de determinadas formas a sentimientos que son naturales, y cómo canalizar esos cambios y emociones.


Y aunque apenas comenzamos en Puerto Plata, que es una ciudad pequeña y donde es fácil que la gente se entere de este tipo de proyectos, ya de otra escuela, que se llama Ángel Cristo Bonilla, nos han pedido las charlas, porque se enteraron de ellas.


A largo plazo queremos involucrar a muchas otras escuelas, y a corto, comenzar con los talleres para adolescentes y con la formación de docentes, porque  ellos manejan grupos hasta con 45 estudiantes, ¡muchos!, y les es complicado ayudar a prevenir los conflictos al mismo tiempo que enseñan los temas que tienen en sus clases, si no tienen las herramientas para hacerlo. Entonces, vemos que necesitan esos espacios que hemos propuesto cuanto antes, para que se conecten entre ellos y para que se conecten con esa profesión que eligieron, con esa pasión que los llevó a ser maestros(as), porque realmente impactan y pueden influir mucho más, de forma positiva, en sus estudiantes, superando las etiquetas que son perjudiciales.


Y es que etiquetar a los adolescentes como conflictivos, como sucede en ocasiones en los entornos familiares, escolares y sociales, incluso en los medios de comunicación, sin comprender cómo les afectan los cambios que experimentan en su proceso de desarrollo, y también las situaciones externas de violencias que viven u observan, no es la mejor forma de acercárseles, de ganar su confianza. Por ello, iniciativas como esta pueden ayudar a que el o la joven se acerque de forma adecuada a personas adultas que puedan orientarlo y acompañarlo en el proceso, sin recibir indiferencia o maltratos adicionales:


Lo que busca un o una adolescente es que ese maestro o esa maestra se acerque de buena forma o con buena actitud, y por eso incluimos ese componente con educadores(as) que, aunque no hemos tenido la oportunidad de empezar a desarrollarlo todavía, consideramos que es fundamental para conseguir el objetivo.


La iniciativa, pues, comienza su andar en búsqueda del destino esperado, pero requiere del apoyo y la cohesión interinstitucional para garantizar su viabilidad, crecimiento y éxito.  Por eso mismo, ha sido para sus promotores una felicidad y un aliciente el recibir el premio en el concurso Juntos Construimos Paz, aunque esperan que más personas y entidades puedan apoyarles con orientación y recursos, entre otros.


Cuando lleguen los fondos del premio vamos a iniciar con un cronograma que tenemos para que más personas de la Provincia se beneficien con esa iniciativa, para que los adolescentes y jóvenes, y sobre todo, las mujeres adolescentes, construyan sus proyectos de vida descubriendo su talento y su valía, de tal forma que, mientras lo hacen, aprendan a prevenir los conflictos… 


Una ayuda material o inmaterial significativa, con la que puedan sacar avante sus ideas y las acciones que han pensado y diseñado, necesarias para que no se llegue a prender la  hoguera y, sobre todo, para que el fuego no arrase con la dignidad humana.

Conoce más de esta iniciativa

Todas las personas e instituciones que deseen vincularse y apoyar esta experiencia, pueden comunicarse con:Lucía Santana Silverio, Directora Grupo CLARA Inc.

Organización de base comunitaria sin fines de lucro

San Felipe de Puerto Plata

 

Por: Gloria M. Londoño Monroy, FICONPAZ

2024

  • Foto del escritor: Caminando hacia la Paz
    Caminando hacia la Paz
  • 29 ago 2024
  • 9 Min. de lectura

Propuesta ganadora en Juntos Construimos Paz, Feria y Concurso de Proyectos de los participantes del Diplomado en Construcción de Paz y Transformación Social de Conflictos



En San Pedro Sula, ciudad al norte de Honduras –capital del departamento de Cortés que desde hace décadas se ha visto fuertemente afectada por las pandillas, el narcotráfico y la inseguridad–, la Arquidiócesis ha jugado un rol esencial en la promoción del Reino de Dios desde y con las bases eclesiales. En 2022, a esta Arquidiócesis llegó una invitación para participar en el Diplomado en Construcción de Paz y Transformación Social de Conflictos (ofrecido por el CEBITEPAL y varias de las organizaciones que conformamos la comunidad de práctica Caminando hacia la Paz).


Fue así como un poco más de 30 personas –no solo de San Pedro Sula, sino también de otros municipios cercanos– participaron en la versión del diplomado orientada a países centroamericanos, y fue tal la importancia que el proceso tuvo en las personas participantes que, al terminar la formación, habían surgido varias iniciativas para pasar a la acción: entre ellas, la de conformar el Comité Integral Constructor de Paz, Justicia y Reconciliación, con el lema “Servidores transformados y felices”.


Y es que para construir paz desde el enfoque eclesial que orienta a la Iglesia, primero se necesita aprender a organizarse y a trabajar en equipo; a reconocer las propias falencias y potencialidades y, sobre todo, a actuar de forma colaborativa, constante y pertinente. Por eso se propuso el comité, como lo recuerda Manfredo Edgardo Fajardo, coordinador arquidiocesano de las comunidades eclesiales de base (CEB):


Quienes participamos en el diplomado llevábamos varios años sirviendo y apoyando a las Cáritas parroquiales, pero fue una alegría esperanzadora el habernos encontrado con él, porque vimos, por las experiencias que nos compartieron, que necesitábamos fortalecernos e, incluso, superar la “competencia pastoral” que nos afecta a veces al interior de la Iglesia. 


Nosotros, como base, conocemos la realidad allí en la calle, en la cuadra, en el caserío, en la aldea; sabemos lo que sufrimos, y vamos muy bien con lo que hacemos en pastoral (en eso estamos muy organizados), pero empezamos a preguntarnos ¿y qué estamos haciendo con respecto a los conflictos y por la reconciliación?, ¿y qué pasaría si, además de lo que hacemos, aplicamos esas metodologías, esas dinámicas o esas herramientas que nos mostraron, para contribuir a superar los conflictos? Eso nos fue dando luces que nos indicaban que teníamos que hacer algo más, que no nos podíamos conformar con haber recibido esa formación. 


Teníamos documentación e información, como queda en otros talleres o diplomados que se reciben, muy bonitos, pero en este vimos que si no llevábamos eso a la práctica, se quedaba en el vacío. Así que se despertó en nosotros el deseo de conformar el comité y de pasar a la acción.

Lo primero, entonces, fue formular la iniciativa del comité, determinando que buscaría, sobre todo, capacitar y brindar acompañamiento (psicológico, legal y/o espiritual) a las personas miembro de las CEB de la Arquidiócesis, para que pudieran llegar a ser “constructoras de paz que aporten, desde su accionar, al afrontamiento de los conflictos familiares, sociales e, incluso, eclesiales, que se detectan y analizan en los territorios, tales como la ruptura de relaciones entre miembros de las pastorales, o los que se evidencian al interior de las propias familias, además de los persistentes en las comunidades”, como se lee en el proyecto. 


Lo anterior, mediante un plan de formación y de acompañamiento sustentado en la siguiente teoría de cambio: Si proporcionamos a nuestras comunidades las herramientas y el acompañamiento necesario para evitar y resolver los conflictos, entonces podrán establecer relaciones fraternas y en comunión, porque la implementación de estas herramientas les brindará un panorama preventivo y generador de espacios de encuentro fraterno. 


Tras ello, se puso en marcha la convocatoria, con una muy buena acogida. Mayra Cabrera Andino, coordinadora de la Comisión de la Parroquia de Lourdes, del municipio de Choloma, y en la actualidad coordinadora del comité, así lo recuerda:


El hermano Manfredo nos hizo, a quienes participamos en el diplomado, la invitación a pertenecer al comité. La respuesta positiva fue inmediata por parte de casi todos, pero algunos no pudieron continuar, no porque no quisieran, sino por compromisos laborales.


Quedamos casi 15 personas que hemos sido constantes. Tenemos un grupo muy motivado, y todo lo que hacemos lo presentamos en las parroquias de la Arquidiócesis. Muy pronto, tras una formación que vamos a tener con CRS (Catholic Relief Services), sobre la metodología Familias Dignas, vamos a ser casi 50 personas, y eso nos permitirá tener mayor incidencia. 


Sin embargo, para Mayra lo más significativo del diplomado y del ejercicio de formar parte del comité, como ella misma lo ha vivenciado en su entorno, es que ha permitido entender que los conflictos son también los que se presentan entre pocas personas, en la vida cotidiana, y que es necesario emprender transformaciones en los ámbitos personales y familiares, algo que considera que a veces se descuida y que debe anteceder a la construcción de la paz con las comunidades.


Llegamos con una gran inquietud en nuestro corazón, por todo lo que nos cuestionó el diplomado y por lo que seguimos cuestionándonos… Eso ha hecho que nos miremos a nosotros mismos; en mi caso, como mujer, como servidora de la Iglesia y como esposa y madre de un adolescente con quien a veces entraba en choques. Es que para construir paz es importante aprender, primero, a hacer y mantener esa paz en nuestras familias, porque en la Iglesia hay bastantes servidores y servidoras, pero no todos o todas son felices y no son conscientes de que a ellos y a ellas también los afectan algunos conflictos que tal vez han normalizado. Eso me pasaba a mí también. Así que esto nos ha permitido empezar por nosotros mismos. 

Para ella y para Manfredo, entonces, el educar y el educarse para la paz es fundamental,  para transferir posteriormente lo aprendido a otros contextos sociales y personales. En el marco de su labor como comité, han priorizado, para los primeros años, las siguientes acciones:

  • Aprender y poner en práctica tres metodologías basadas en evidencia: Familias Dignas, Jóvenes Artesanos de Paz y Perdón Radical y Reconciliación. 

  • Crear redes que permitan acompañar los procesos y recibir asesoramiento por parte de instituciones con experiencias significativas.

  • Difundir información necesaria y de fácil aplicación para que más personas se cualifiquen como agentes constructores de paz. 


También, y de forma paralela, buscan fortalecer el acompañamiento, pues consideran que es primordial para que quienes reciban formación la puedan replicar o poner en práctica, dado que hay factores de riesgo, identificados por el mismo comité, que pueden poner barreras a la construcción de paz en la Arquidiócesis, entre ellas, la dificultad del tiempo por compromisos laborales de los voluntarios, la disponibilidad de limitados y escasos recursos económicos (para el transporte o la organización de actividades, por ejemplo), o la afectación anímica por los conflictos que vivencian, como expresa Manfredo:


Estamos en una región donde la gente migra bastante y donde hay muchas carencias económicas. Algunos se van para sus pueblos los fines de semana. Algunas vienen en busca de trabajo; unas encuentran y otras no. Quienes consiguen trabajo, pues lo cuidan.  Por eso, consideramos importante formar, pero también acompañar, para buscar alternativas para solucionar los obstáculos que pueden presentarse.


Formar y acompañar son, entonces, los dos ejes misionales de este comité que en poco tiempo ya ha alcanzado logros que ni sus mismos promotores pueden creer, y que resaltan con dicha: en primer lugar, haber conseguido que cinco de sus miembros se certificaran como formadores de la metodología Familias Dignas; segundo, que en marzo de 2024, 25 líderes y lideresas comunitarios recibieran una formación presencial para certificarse en la misma metodología; tercero, que las personas manifestaran gran interés en formarse en temas de construcción de paz, lo cual se patentizó en el hecho de que 50 personas estuvieran interesadas en formarse en la metodología; y cuarto, haber sido reconocidos en la Feria-Concurso Juntos Construimos Paz, “porque lo único que pretendíamos cuando nos presentamos era que nos revisaran el proyecto, pero fue una sorpresa haber recibido el premio, que nos permitirá conseguir algunos recursos técnicos que necesitamos para realizar las formaciones… ¡Ya tenemos para comprar un proyector y otras cosas para los talleres!… ¡Bárbaro!”, exclama Manfredo, y agrega:


Hemos tratado de aprender a aplicar lo que es el sínodo, haciendo énfasis en desarrollar la capacidad de participación, escucha, comunión y misión. También, que todo lo que hagamos se dialogue y decida en asamblea, para que las y los representantes de las 36 parroquias que tenemos aprueben las decisiones y se comprometan con ellas. Además, que hagamos, aparte de las formaciones, un efectivo acompañamiento para que esas personas que se forman en alguna metodología sí tengan los medios y las condiciones para formar red y llevar esa formación a nuevas personas.

De todas formas, como explica Mayra, los sueños y las pretensiones son mucho más amplias y, por esa razón, adelantan gestiones para establecer enlaces con Cáritas El Salvador para comenzar cuanto antes una formación en la metodología de Perdón Radical y Reconciliación, y con Cáritas Honduras, para llevar hasta a todo el departamento la implementación de la metodología Jóvenes Artesanos de la Paz. También, para conseguir consolidar su propia organización de tal forma que por lo menos dos personas de cada parroquia de la Arquidiócesis representen a sus comunidades de base en el comité y aporten en los equipos de trabajo hasta ahora implementados: el de formación, acompañamiento y desarrollo de proyectos; el técnico asesor; el de logística y el de administración y presupuestos.


Queremos que todas las comunidades se involucren, que haya participación, que comprendamos que estamos tratando como humanos con otros humanos; que no solo aportemos a la resolución de conflictos con las comunidades, sino, incluso, en la prevención de esos conflictos y de aquellos que se pueden presentar entre nosotros.  Que contemos, como parte que somos de la Iglesia, con herramientas y técnicas que nos ayuden a que esa condición humana nuestra no nos haga propensos a caer en las tentaciones de estar o entrar en conflicto, de entrar en peleas absurdas.


De igual modo, aún enfrentan retos significativos. Por ello, hacen un llamado para recibir apoyo interinstitucional con el objetivo de superarlos y lograr que su trabajo sea sostenible. Y es que, aunque tienen toda la voluntad, necesitan aún más recursos técnicos, financieros y de formación, pues por las limitaciones que tienen las CEB de San Pedro Sula y del departamento de Cortés no siempre es fácil cualificarse, planificar y desarrollar las actividades, como lo señala Manfredo: 


Por ejemplo, hay compañeros que deben hacer desplazamientos de varias horas para poder asistir a las reuniones o capacitaciones, y por eso no siempre pueden participar, al no tener siempre recursos para hacerlo. Necesitamos, entonces, apoyo de empresas y organizaciones para que las personas de las comunidades puedan participar en las actividades (para darles transporte o la alimentación). 


Lo necesitamos porque venimos de una violencia profunda que nos ha afectado mucho, por fenómenos como los enfrentamientos entre la Mara Salvatrucha y la Mara 18 que ocasionaron que, en los años 2000, especialmente, mucha gente tuviera que abandonar su casa, fueran desplazados violentamente, o fueran víctimas de extorsión. Aún persisten muchas consecuencias, como la inseguridad y las dificultades económicas. También porque tenemos poca infraestructura y, sobre todo, porque requerimos fortalecer nuestras capacidades para ceder y para construir paz, para reconciliarnos y cambiar las realidades que nos afectan.   


Por eso mismo, él y las personas que conforman el comité están felices y agradecidas con el premio y el reconocimiento recibido, porque consideran que esto les anima a seguir adelante, a seguir aprendiendo a “actuar” para dar valor al “ver” y al “juzgar”. Y por qué no, porque esperan que el comité, algún día, llegue a ser ejemplo para otras comunidades eclesiales de base, por el camino recorrido en la construcción de paz.   

La triada Ver-Juzgar-Actuar ha sido, desde los inicios de los años 60 pasados, la base del método que orienta el Magisterio Eclesiástico, y que hoy, más que nunca, sigue teniendo enorme relevancia para orientar la construcción de paz.


En 1961, el Papa Juan XXIII, en Mater et Magistra, impulsó esa propuesta metodológica que surgió del Movimiento Juventud Obrera Cristiana (JOC) en Bélgica, con el propósito de orientar la planificación y gestión pastoral. Más adelante, en 1965, en la Gaudium et Spes, encíclica promulgada por Pablo VI, se asumió también como método teológico.

  • Ver: Para identificar hechos, realidades, actitudes, hábitos, modos de pensar, valores y comportamientos y, sobre todo, para comprender sus causas y posibles consecuencias  en cada persona y en las comunidades.

  • Juzgar: Etapa de discernimiento para revisar, analizar, comprender, explicar y tomar una posición frente a lo visto.

  • Actuar: Para que mediante esfuerzos y acciones concretas se contribuya a transformar aquello visto y juzgado, de tal forma que el reino de Dios, de justicia, equidad y bienestar se exprese, evidencie y haga vida para todas las personas y comunidades.

Conozca más de esta propuesta y de las Comunidades Eclesiales de Base de San Pedro Sula, Honduras


 

Todas las personas e instituciones que deseen vincularse y apoyar esta experiencia,

pueden comunicarse con:

Manfredo Edgardo Fajardo Rápalo, Responsable Arquidiocesano

Comité Integral Constructor de Paz, Justicia y Reconciliación de San Pedro Sula

 

Por: Gloria M. Londoño Monroy, FICONPAZ

2024

Proyecto ganador en “Juntos Construimos Paz”, Feria y Concurso de Proyectos de los participantes del Diplomado en Construcción de Paz y Transformación Social de Conflictos


Una iniciativa de la directora, el personal y voluntarias de la Fundación El Buen Pastor (FBP) de Colombia, así como de la gerente regional de Good Shepherd International Foundation (GSIF) para América Latina y el Caribe.

 

En Venezuela, la crisis política, el colapso económico, la confrontación social causada por el choque entre ideologías, entre otras causas con graves y progresivas consecuencias, han motivado, especialmente desde 1999, una oleada de migración forzada hacia otros países. A finales de 2023 se calculaba que más de 7,722,000 personas se habían desplazado buscando oportunidades, siendo Colombia el país receptor con más cantidad recibida: casi 2.9 millones (37.6%) según la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela, creada por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).


Esa tragedia humana aumenta cuando las condiciones de los y las migrantes no son las que anhelaban hallar en los territorios receptores y, sobre todo, cuando no tienen un estatus regular o de refugiado legalmente acogido, haciendo que mucha gente se vea abocada a vivir en condiciones de xenofobia, exclusión o explotación.


Thiana de Lourdes Balza Mora, venezolana, voluntaria de la Fundación El Buen Pastor (FBP), explica que muchas mujeres y familias de su país llegan en búsqueda de posibilidades que se les negaron allí, tales como acceso a la salud, al trabajo, la educación, la seguridad, la alimentación, y que muchas, por no contar con recursos económicos suficientes, se ven obligadas a ubicarse en zonas de alto impacto social, como lo es el Barrio Santa Fe, en la capital de Colombia, Bogotá, caracterizado por fuertes carencias socioeconómicas


Al llegar a dicho barrio, la gran mayoría de esas personas y familias migrantes buscan ganarse la vida de forma digna, sea vendiendo comidas o dulces en las calles, o buscando obtener un trabajo formal, entre otros. Pero, en ocasiones, en ese contexto de vulnerabilidad enfrentan conflictos por diversos motivos. Por ejemplo, “las arepas que vende la mujer colombiana son más económicas que las que vende la mujer venezolana, o viceversa, y por ello se presentan enfrentamientos”, comenta Thiana.


Ese escenario exacerbado por políticas y prácticas dañinas asistenciales, desequilibradas e inequitativas que resquebrajan la confianza y la solidaridad, fue justamente el que eligieron Thiana y siete compañeras más que participaron en una de las cohortes del Diplomado en Construcción de Paz y Transformación Social de Conflictos para diseñar, como actividad final del proceso formativo, una propuesta que aportara a la solución de conflictos entre mujeres. De ahí nació lo que denominaron Transformación de conflictos con espacios de reconciliación comunitaria, propuesta que ha sido avalada por la Fundación El Buen Pastor (FBP), la oficina regional Good Shepherd International Foundation (GSIF) para América Latina y El Caribe, y otras entidades pertenecientes a la Red de Aliados en la ciudad de Bogotá, entre ellas la Fundación Eudes, presente desde hace varios años en el barrio Santa Fe.


Heidy Hochstatter García, Gerente Regional para América Latina de la GISF;  la Hna. Adriana Patricia Angarita Camacho, Directora de la FBP (entidad sin ánimo de lucro ubicada en Colombia y Venezuela); Laura Valeria Zapata Aristizábal (Coordinadora de Programas y Planeación), Juliana Valencia Cardona (Coordinadora de Proyectos) y María Isabel Muñoz Cano (Coordinadora de Talento Humano), también de la  FBP; Claudia Adriana Pérez Esteban y Doris Sánchez Contreras, voluntarias de la FBP en Bogotá, son las otras integrantes del grupo. Todas ellas emprendieron el camino propuesto desde el equipo docente del diplomado para formular esta propuesta, la cual está en proceso de implementación de una prueba piloto y que, por su calidad y pertinencia, fue una de las seleccionadas y reconocidas en la feria-concurso “Juntos Construimos Paz”, evento organizado por la Comunidad de Práctica Caminando hacia la Paz, entre octubre y diciembre de 2023.


Para diseñar el proyecto, primero analizaron las causas y las consecuencias del problema con mucho detalle, consultando fuentes fiables que les aportaran un panorama lo más fidedigno, veraz y completo posible. Posteriormente, analizaron los actores directos e indirectos involucrados en el conflicto, así como aquellos que podían aportar a su mitigación y gestión, reconociendo el tipo de relación entre ellos. A partir de allí, formularon una teoría de cambio en la que sustentaron el diseño de su propuesta: 

TEORÍA DE CAMBIO DE LA INICIATIVA

Si promovemos la participación de las mujeres en espacios seguros de encuentro y diálogo, en un ambiente de resignificación simbólica, entonces lograrán transformar el lenguaje de uso cotidiano como herramienta de solidaridad y paz, porque al desarrollar estrategias conciliadoras construyen sus proyectos de vida e inciden en los de sus familias y comunidad.

Después, vino la fase de ideación de la estrategia y las actividades a desarrollar, así como el diseño del plan de control y evaluación, para lo cual, como explica Valeria Zapata, tomaron como ejemplos metodologías significativas orientadas a la construcción de paz con mujeres, como lo es ¡Mujer, no estás sola!, con sus grupos de apoyo de mujeres (GAM): 


Partimos de esa experiencia cercana que tenemos en la región, pues hemos implementado dicha metodología en las cinco sedes que tenemos en Colombia y en la sede de Venezuela. En Bogotá, por ejemplo, actualmente no contamos con una sede física, pero mantenemos una articulación con organizaciones aliadas, como la Fundación Eudes, con la cual facilitamos la metodología con mujeres allí vinculadas, permitiéndonos continuar con el ejercicio apostólico en el sector Santa Fe. Dicha experiencia evidenció, en las narrativas de las participantes, que estábamos tratando con un perfil que es prioritario para nosotros como Fundación, y también para GSIF, como lo es el de las mujeres que viven en condiciones de múltiples violencias. 


Esa práctica previa les mostró, entonces, la vivencia de una disputa por el control territorial entre las mismas mujeres, y un choque en las relaciones, manifestado no solo en acciones de agresión, sino en el uso de un lenguaje asimétrico y violento para posicionarse en un rol de poder, como lo manifiesta Juliana Valencia. Por eso mismo, la iniciativa tiene como eje la transformación de esas narrativas, de esa forma de nombrar y referirse a las otras mujeres, de la manera de comunicarse entre ellas, promoviendo un diálogo desde una perspectiva de reconstrucción de las relaciones y del tejido social, y desde la promoción de la empatía y la convivencia, buscando superar prejuicios, divisiones, rivalidades, actitudes y situaciones de exclusión.


El proceso diseñado incluye cuatro componentes fundamentales que, poco a poco, van haciendo más robusto el proceso, complementándolo y enriqueciéndose a medida que se van desarrollando: 


  • Primero, dinamizar espacios de encuentro y conversación que a lo largo de la experiencia han tomado el nombre de ReconectARTE. Buscan facilitar el acercamiento, generar confianza y propiciar el diálogo. También, que con ejercicios artísticos “las mujeres logren mirarse entre ellas, ponerse en el lugar de las otras, empezar a encontrar puntos de identidad común, y disponer el corazón para acercarse a aquellas con quienes se tiene diferencias”, como dice Claudia Pérez.

  • Segundo, tras vivenciar ese primer componente, promover la inclusión y la solidaridad por medio de una estrategia denominada Talleres Retazos, con la que buscan que grupos colombo venezolanos de mujeres construyan habilidades para crear y comercializar, de forma conjunta, manualidades realizadas con materiales reciclados, sacando adelante emprendimientos colaborativos como una alternativa y oportunidad para reconstruir de forma simbólica el tejido social afectado por las relaciones asimétricas, la disputa en el acceso a los derechos y los lenguajes violentos. 

  • Tercero, la realización de un taller más completo, con las mismas participantes, aplicando la metodología ¡Mujer, no estás sola! y sus grupos de apoyo entre mujeres. Esto ha permitido desarrollar aún más capacidades para promover su empoderamiento y poner en práctica valores como la sororidad. Entre otros motivos, porque esta metodología (GAM) “tiene como gran valor permitirle a las participantes, luego, ser multiplicadoras de esta herramienta a otras mujeres”, como resalta Claudia Pérez.

  • Y cuarto, finalizar con la evaluación y sistematización de lo hecho, de tal manera que se pueda consolidar la propuesta y, sobre todo, empezar a aplicarla en otros territorios, incluso en los que se atienden desde las sedes de la Fundación, en la Provincia Colombo Venezolana.


Si bien todas las autoras trabajan o colaboran en instituciones hermanas, lo cual pudo facilitar el diseño de la propuesta, y si bien ya se tenía acercamientos previos con mujeres del barrio elegido, los testimonios de las premiadas en la feria-concurso resaltan el aporte del Diplomado en Construcción de Paz y Transformación Social de Conflictos pues, como dicen varias, no solo les permitió cohesionarse como grupo, entre el equipo de las organizaciones y las voluntarias, sino también fortalecer las lecturas de los contextos y las realidades, identificar metodologías y herramientas significativas, conocer otras formas de proceder y estrategias impulsadas por otras instituciones para la transformación positiva de los conflictos. También destaca que mediante el ejercicio práctico que se iba haciendo, revisando y enriqueciendo a lo largo de todas las sesiones formativas, se pudo llegar a un resultado digno de recibir apoyo interinstitucional para ser desarrollado.


“Yo creo que Dios nos ha abierto el camino, porque fue por medio de la participación activa en el diplomado que retomamos el pensar en este tema del conflicto entre mujeres migrantes y no migrantes, y fue una oportunidad para que la Fundación también se interesara en él y nos apoyara”, menciona Claudia.


Y complementa Thiana: “nos permitió soñar y nos dio herramientas para hacer esos sueños realidad, porque, justo hoy, por ejemplo, comenzamos la convocatoria en uno de los talleres piloto de la estrategia ReconectARTE, en la sede de la Fundación Eudes”.


Y es que el establecer lazos, redes de colaboración, así como vínculos entre las organizaciones e instancias de la Iglesia, es vital en la construcción de paz, y así lo comprendieron estas participantes en el diplomado, lo que las ha animado a compartir su propuesta en redes y espacios de encuentro entre organizaciones, para que más personas sumen y más entidades apoyen. Eso les ha posibilitado hasta el momento, por ejemplo, hacer un convenio con una productora audiovisual que, mediante ejercicios artísticos, lúdicos, creativos y prácticos, está apoyando los talleres del primer componente, como expone Juliana, y comenzar a establecer alianzas para, más adelante, continuar con la estrategia de los Talleres Retazos.  


Camila Jurado, de la productora, aclara:


Decidimos apoyar estos talleres porque, como nos lo ha enseñado la Hna. Adriana, no solo aprenden ellas, sino que también esto nos permite a nosotros “aportarnos”, al compartir con las mujeres.  Es algo recíproco que nos fortalece como personas.  Por eso, lo que queremos es brindar un espacio para tener el derecho y el privilegio de “habitar y cohabitar”, por medio del arte (juegos escénicos, dramatizaciones, ejercicios vocales, etc.), permitiéndonos conectarnos con nuestra propia voz, con nuestro propio cuerpo, con la capacidad de escucharnos y escuchar al otro, para descubrir quién soy y quién es. De ahí que hemos diseñado un encuentro en el cual, con herramientas artísticas, vamos a poder jugar y crear con la otra persona, sin juzgar quién es, para facilitar lo que sigue después.


La convocatoria es abierta, pero si bien desde la Fundación se puede impactar un número significativo de personas, la presente iniciativa, en su fase piloto, tiene como proyección que por lo menos 20 mujeres (colombianas y venezolanas) se vinculen inicialmente al proyecto y participen activamente en el desarrollo, pues como complementa Valeria, se busca

también posicionar un rostro y una espiritualidad, la del Buen Pastor, para promover que todas las personas aprendan a acoger solidariamente; en este caso, para que las mismas mujeres reconozcan formas de violencia que desdibujan el rostro de quienes las padecen, y para que, juntas, con presencia y acción conjunta entre diversas organizaciones de Iglesia, se reconstruya el tejido y se transformen los lenguajes.


Por eso mismo, las responsables de esta iniciativa agradecen el premio y la ayuda financiera que este incluye y hacen un llamado extensivo a todas las instituciones y personas que deseen vincularse de alguna forma para el desarrollo de la propuesta, para que esta logre los resultados y la incidencia esperada:


El sueño grande es impactar a un número significativo de mujeres, y que logremos fortalecer las actividades. Por ejemplo, logrando que, al final de los Talleres Retazos, se logre constituir una asociación de mujeres y que ellas alcancen a impulsar unos emprendimientos que les permitan obtener unos ingresos económicos, porque este es un pilar fundamental para encontrar una estabilidad e independencia económica –comenta Claudia–. 


Valeria, por su parte, señala la importancia de “hacer una feria para visibilizar los proyectos de transformación de tejidos, no solo para que ellas den a conocer sus proyectos productivos, sino el impacto que ha tenido esta iniciativa en la vida y dignidad mujeres”


En resumen, esta iniciativa es un proyecto semilla en el que ya se han desarrollado acciones significativas, como el acercamiento a la población, la gestión de los espacios físicos, la articulación con la productora audiovisual y, al momento de publicarse este artículo, la implementación de varios talleres de ReconectARTE.


Por eso, vale la pena resaltar y apoyarla, para que con rigor y optimismo, cada vez haya más condiciones para que las mujeres vivan una vida sin violencias, y para que los conflictos, por mínimos que parezcan, sean superados, generando hermandad entre colombianas y venezolanas.

Conozca más de los espacios de reconciliación comunitaria

entre mujeres de Colombia y Venezuela

Sentir y expresar...

Desde mi experiencia como migrante venezolana, y como participante en GAM, a mí el Diplomado me dio muchas herramientas para poder algo que deseo: ayudar a mujeres que, como yo, tuvieron que irse de su propio país, y que vivieron situaciones que hicieron que, incluso, tuviéramos temor o no quisiéramos hablar con otros compatriotas o, incluso, con familiares, por las diferencias en las formas de pesar o en las opiniones políticas.

Thiana

Fue muy significativo conocer formas de accionar, formas de encarar situaciones de conflicto y otras experiencias de construcción de paz desde otras instituciones. Como Fundación nos ha permitido tener una organización y poder autoevaluar nuestras iniciativas, y fortalecer las acciones de transformación que planteamos.

Juliana

Creo que lo más interesante del diplomado fue resignificar la idea de conflicto, porque somos un país que, por nuestra historia, ha asociado ese concepto con lo ‘armado’, con las violencias, desconociendo o minimizando los conflictos cotidianos de otros tipos, como los que se viven al interior de las familias, o los que viven las personas que han sufrido la migración interna o externa. También, que es posible solucionar los conflictos desde acciones cotidianas, que conecten con la realidad de la otra persona, y que la hagan sentir parte de la solución.   

Valeria

Para mí lo mejor fue pensar y plantearnos un proyecto desde cero; y que nos animaran a hacer la prueba piloto, con prueba y error; ha sido muy significativo para mí como persona y profesional. Me mostró que es posible afrontar conflictos que tal vez no son de tanta magnitud, pero que hacen muchos daños; por ejemplo, entre vecinos, entre compañeros de trabajo o en la misma familia. 

Claudia

Todas las personas e instituciones que deseen vincularse como voluntario y/o donante para apoyar esta experiencia, pueden comunicarse con:

Hna. Adriana Patricia Angarita Camacho 

Directora de la Fundación El Buen Pastor Provincia Colombo-Venezolana

 

Por: Gloria M. Londoño Monroy, FICONPAZ

2024

bottom of page